No hay nada más importante en fotografía que la luz. Ni sensores, ni objetivos, ni cuerpos de cámaras ultracaros, ni teléfonos de más de 1.000 euros. Si la luz no es la adecuada, podemos desistir de intentar lograr una fotografía de buena calidad. Los fabricantes lo saben y por eso no dejan de afinar sus dispositivos para lograr que más fotones crucen sus lentes y lleguen a los sensores. La luz es la sangre de las fotografías.

De ahí que los fabricantes estén tomando conciencia de ello y montando sensores de mayor tamaño, y al mismo tiempo siendo más recatados en cuanto al número de píxeles de los mismos. Que opten por ópticas de mejor calidad y más luminosas. Pero sin duda el gran avance se está produciendo en materia de reorganización del propio sensor, del uso que se le da. Este mismo año lo ha hecho Huawei con su P20 Pro y lo ha vuelto a hacer Xiaomi con el Mi 6X, pero es una práctica que ya se llevaba a cabo, aunque ahora llega en forma de moda Se asienta una nueva forma de entender los sensores.